9 de diciembre de 2025.
Autor: Daniel López StefoniUna carta a un periódico de dos académicos de la Universidad de Chile hizo pública una antigua polémica de los ámbitos académicos: los incentivos a las publicaciones científicas. Parte por señalar los montos de los incentivos, para luego referirse al privilegio de la cantidad por sobre la calidad, al abuso de las coautorías, a los contenidos irrelevantes sobre aspectos ya conocidos, a los costos para publicar que tienen algunas revistas. La recomendación es limitar los incentivos y la regulación de los fondos públicos para las publicaciones. Están de acuerdo con propuestas internacionales como la reciente Declaración de Estocolmo, la cual propone medidas como privilegiar las revistas de acceso abierto, dirigir los incentivos solo a revistas de alto impacto, aplicar medidas de detección de fraudes, generar medidas legales para tipificar como delitos a las revistas fraudulentas y otras más que permitan proteger la integridad y la calidad de la Ciencia.
El tema no es nuevo, pero al hacerse público las reacciones son diversas y de todo tipo, llegándose incluso a cuestionar el sistema de publicaciones científicas. Al respecto el documentalista López-Borrull parafraseando a Churchill ha puesto un límite: “la revista científica es el peor sistema de comunicación creado por los humanos. A excepción de todos los demás”. Puede ser que el fondo del problema esté en otros aspectos frecuentemente ignorados en el debate.
Ante tantos juicios de autoridad y de medidas, vale la pena quizás, formular algunas preguntas: ¿Solo bastan los estímulos en dinero para que quienes investigan se acerquen o se alejen de la moral?; ¿En las perversiones en las publicaciones se trata de revistas, artículos, métricas o más bien de personas?; ¿Es más importante el monto recibido o la actitud de acceder a estímulos a todo evento? ¿Las publicaciones irrelevantes que reiteran lo ya conocido ocurren por igual en todas las áreas del conocimiento? ¿Cuánto influyen la creciente cantidad de revistas sean de editoriales- que son empresas- que requieren dinero, pero también de universidades o sociedades que necesitan de autores para poder subsistir? ¿Cuánto de la inversión en incentivos va a promover la ciencia y cuanto al marketing ? Como en la práctica temprana de cualquier investigación, el asunto se pone entretenido al intentar responderlas.